domingo, 25 de enero de 2015

No.
No te quiero,
ni te he querido nunca.

Tampoco me has hecho sonreír,
ni temblar,
ni volar.

Nunca me he corrido contigo.
Ni siquiera cuando te follabas todos mis miedos, mis dudas, mis tristezas.

Jamás he tenido ganas de ti,
ni vértigo cuando te cogía de la mano,
ni escalofríos cuando pasabas tu lengua por mi nuca.

No me has calado,
y tampoco he sentido que el mundo se acababa cada vez que cerrabas la boca.

No.
No he estado hasta las manos,
no he roto con todos mis esquemas,
ni he perdido los papeles, ni las bragas;
no has sido mi canción, ni mi poema
y, por supuesto, tampoco he sido valiente, ni consecuente, ni sincera,
y, mucho menos, todo corazón.

Siempre he estado bien,
siempre has estado.

No he querido ser tu puta,

ni tu droga,
ni tu casa.

No me gustaban tus sábanas, ni tu lengua, ni tu letra torcida.
No te he regalado flores, no he creído en nosotros y hace ya muchísimo que no miro tus fotografías.

No me has matado, tampoco te he buscado entre las caras de la gente y no me he destrozado los labios mordiéndome la pena.

No has sido mi principio y mi final,
no he escrito ni un solo puto poema para ti
y no me he enamorado de tus colores.


Se me olvidaba decirte que he asumido tu papel, 
me he creído tú y 
he empezado a contar mentiras,
vomitando todas las que un día me tragué contigo

jueves, 22 de enero de 2015

Puertas entreabiertas.


Puertas entreabiertas



Imagina que vas de compras a buscar un modelo de zapatos que te gusta mucho. Seguro que lo primero que harás es irte directo a la zona de tiendas que conozcas. Aunque esas tiendas tengan chaquetas, gorras y cosas que normalmente te llamarían la atención, tú sólo vas a por esos zapatos. Tienes tantas ganas de tener ese modelo, lo quieres, lo necesitas y no te das cuenta de que esa tienda tiene otras muchas cosas que podrían gustarte. 

Lo mismo ocurre al buscar pareja, un grupo de colegas o a tu mejor amigo. Funciona exactamente de la misma manera.El hecho de buscar algo en concreto condiciona lo que vas a encontrar y si vas directo a esas tiendas, te estarás perdiendo otras muchas incluso con mejores precios. Y mientras buscas ese modelo de zapatos específico puedes estar perdiéndote todas las gorras y chaquetas de tu alrededor. 

Miguel de Cervantes dijo una vez ‘‘el que no sabe gozar de la aventura cuando le viene, no debe quejarse si se pasa’’. Y yo, personalmente, baso parte de mi vida en una analogía que bauticé como las ''puertas entreabiertas''. Aunque suene raro, cada vez que conozco a una persona me imagino un número infinito de puertas delante de mí. Y cada una de ellas puede contener algo distinto detrás: a lo mejor una nueva amistad, un lio de una sola noche, quizá el amor de tu vida... No sé... Ese amigo especial que ni es amor ni es solo sexo y no sabe muy bien cómo explicarlo. Porque entre el blanco y el negro hay un sin fin de tonalidades de gris. Apuesto a que ya habías escuchado esa frase antes.

Plantéatelo así, si sólo buscas un lío de una noche, quizá te pierdas a ese amigo especial. Si te encierras a tener sólo amor, puede que se te pase la mejor noche de sexo que hayas tenido jamás. Si sigues buscando sólo amistad, a lo mejor no conocerás al amor de tu vida.

Creemos que todo lo que hacemos lo pensamos de una manera racional y que nuestros instintos son cosa del pasado. ¿Tú te consideras una persona racional? ¿Totalmente dueña de sus actos y de todo lo que hace? Entonces, ¿fue decisión tuya asustarte o fue algo automático que no puedes explicar? Ya. Son muchos los instintos que nos mueven todos los días. Muchos los instintos que creemos no tener y que luchamos contra ellos. ¿Por qué no nos guiamos más por lo que sentimos de manera racional e inexplicable? Por las mariposas, el nudo en el estómago y no por lo que pensamos o nos hace pensar la sociedad podrida de prejuicios en la que vivimos. ‘‘¡Ah no! Yo es que se lo que busco. Quiero una pareja que me cuide, que me mime, que valore lo que hago, que me haga sentir especial...'' A ver, ¿hablamos de enamorarnos o estas pidiendo una hamburguesa en un restaurante cualquiera? No sé. Que tal una vida donde arrepentirnos de lo que hemos hecho y no de llevarnos el ¿y si...? a la tumba.

Gracias a dejar las puertas entreabiertas, a no prejuzgar, no os podéis ni imaginar la cantidad de experiencias que he vivido y no sabría ni como contarlas. ¿Sabéis cuántas veces me han mirado por encima del hombro y me han dicho: ''Estas loco, esas cosas solo pasan en las películas...'' Les puedo asegurar que eso no es verdad, y también os aseguro que ninguna de esas cosas llevaba la etiqueta de ''es lo que se debe hacer'', ''será mejor para mi futuro'', ''es lo que me conviene'', ''qué pensarán de mi si...''. ¿De verdad es más importante toda esa basura que tu felicidad? Porque yo creo que no.

Recuerdo algo que escribí no hace mucho que decía: ''Explicar un sentimiento es como entender la poesía. Tú tienes tu metáfora y yo, tengo la mía''. Lo que quise decir con eso es que cada uno entiende lo que siente de manera distinta y cada uno tiene puntos de vista diferentes incluso sobre una misma cosa. Pero a mi parecer, para tener una opinión válida sobre algo, debes haberlo vivido primero.

Quizá a muchos os suene esta escena: ''-Hijo, cómete la verdura. -¡Mamá es que no me gusta!''. ¿Cómo sabes si te gusta si ni la has probado? ¿Sabes por qué tanta gente se rodea de la gente equivocada? Porque dicen que no les gusta la verdura cuando jamás la han probado.Se pasan la vida buscando algo que piensan, sin darse la oportunidad de descubrir algo que sienten.

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viernes, 2 de enero de 2015

Conozco 27 maneras de hacerme daño y todas tienen que ver contigo.

Tengo ojos de estar cometiendo el error de mi vida.

Hoy me he despertado ahogada dentro de una botella de cristal que no existe;
me he cortado el pelo que no tengo y he tenido miedo por los dos;
pero todavía no sé a qué.

Tengo la mirada perdida porque no sé dónde estás y un montón de ganas de nada desde que existes lejos de todo y cerca de una nada gigante que se extiende por este calendario que llevo impuesto como cuerpo y que arrastro desde que no soy pájaro.

 Mi propósito de año nuevo es acabarlo bien; como siempre.
Como nunca.

Los lunes por la mañana ya no me despierto;
paseo, sonámbula, con la ventana abierta con toda la intención de poner cachondo al invierno y que muerda con ansia todo el hielo que resbala, tranquilo, por todo lo que no te llegué a querer nunca.

Es probable que nunca llegue a nada porque ya lo he tenido todo;
y ahora lo entiendo: nunca tuve suficiente.

La fragilidad tiene su punto,
aunque no sé dónde poner el final.

Afirmo, orgullosa, que tengo toda la intención;
pero no sé dónde.

Conozco 27 maneras de hacerme daño y todas tienen que ver contigo.

Pero, verás, estoy desayunando en la ventana y justo ha salido el sol,
entonces me he acordado de ti y de que no puedo darte los buenos días;
he hecho cuentas y no vivimos ninguno.

La ventana que abriste tenía vistas a mi puerta,
y dentro solo había un túnel del terror.

Sonábamos mejor en silencio;
y soñábamos mejor por separado.

He recibido muchas llamadas,
pero no he aceptado ninguna que no parezca la tuya.

Me caigo en picado y me supera el vértigo a éstas alturas;

siempre tuve miedo a volar 
y nunca supe vivir planeando.


No intentes solucionarme.
Rock On